Mateo Villamizar Chaparro y Carlos Hernández Osorio

A menos de un mes de que el actual Congreso termine sus cuatro años de sesiones, la Ley ordinaria de reforma a la salud, una de las iniciativas legislativas más importantes que impulsó el Gobierno de Juan Manuel Santos, fue hundida en la Comisión séptima de la Cámara de Representantes.

Fue radicada el 19 de marzo del 2013, hace un año y dos meses. Es decir, ha pasado por dos legislaturas. Surtió dos debates en Senado (en la Comisión séptima y en la plenaria), donde el trámite duró siete meses. Le faltan dos debates en Comisión séptima y plenaria de la Cámara, pero desde que llegó a la Comisión, en noviembre pasado, se estancó (Vea detalles del trámite en este enlace http://bit.ly/1hj46PV).

Mientras tanto, la Corte Constitucional dio a conocer el pasado 28 de mayo que declaró exequible, con condiciones, la reforma que de forma paralela radicó este Gobierno en el Congreso: la Ley estatutaria de reforma a la salud. Su paso por el legislativo, con mensaje de urgencia del Gobierno, fue más ágil: tres meses o, lo que es lo mismo, la mitad de la pasada legislatura (del 19 de marzo al 20 de junio del 2013).

Esta norma estipula, por ejemplo, la salud como derecho fundamental, y “convierte en política de Estado el control de precios de medicamentos”, de acuerdo con el ministro Alejandro Gaviria. También le han llovido críticas de expertos que consideran que “limita el derecho a la salud” y “no resuelve los problemas de fondo” (Ver análisis del profesor Mario Hernández en Razón Pública).


El funcionario considera que con la Ley estatutaria puede hablarse de un 80% o 90% de reforma al sistema de salud, si se tienen en cuenta otras modificaciones como las estipuladas al comienzo de la administración Santos con la Ley 1438 del 2011.

Admite, sin embargo, que siguen pendientes dos puntos que dependen de la ley ordinaria: la creación de Salud Mía (fondo público que administre todos los recursos) y los procedimientos para lidiar con las deudas de las EPS liquidadas, “que afectan, sobre todo, los hospitales públicos”.

Sobre la ley ordinaria y el escaso tiempo que le queda, el ministro afirma: “No vamos a tomar ninguna decisión; la toma el Congreso, pero para todo el país es claro que estamos en una coyuntura difícil para hacer un trámite de una ley que, de por sí es compleja. Creo que la semana entrante se tomará una decisión definitiva”.

Sobre el tema Congreso Visible habló con la representante conservadora Lina María Barrera Rueda, vicepresidente de la Comisión Séptima de la Cámara, donde está estancado el proyecto de ley ordinaria a pesar de que la mayoría de integrantes son de la Unidad Nacional (conozca quién es cada uno). Al contrario de lo que declaró el ministro Gaviria, ella considera que la decisión sobre avanzar en el trámite depende del Gobierno, que es el autor. Pero sobre todo, admite que, más allá de las discusiones sobre el contenido, la dificultad para discutir el articulado radica en la actual coyuntura electoral.

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En general, ¿cuál es su diagnóstico sobre la demora en el trámite de la Reforma a la salud?

La reforma en el Senado duró casi nueve meses en los que hicieron más de 10 foros por todo el país y audiencias públicas socializando el proyecto de ley. Lo votaron y llegó en noviembre a nuestra comisión. También queríamos hacer unos foros, pero obviamente el Gobierno decía que ya no más. Llegó diciembre, y el 16 de diciembre se acababan las sesiones. Época preelectoral. Nosotros íbamos de vacaciones hasta el 16 de marzo. Son tres meses en los que no hay Congreso y por lo tanto son tres meses que hay que descontarle a la no hechura de ponencia. Todo el mundo estaba en sus campañas. Fue imposible en ese tiempo adelantar foros y trabajar sobre el tema porque todos estábamos en nuestras campañas. Llegamos el 16 de marzo y había otro tema preelectoral: las campañas presidenciales.

El tema ha sido más de falta de consensos sobre lo que quieren los colombianos del sistema de salud frente a lo que quieren el Gobierno, las asociaciones médico-científicas, porque todos opinan y opinan diferente, y cada cual lo mira a su conveniencia. Eso es lo que ha hecho que el proyecto no avance.

Toca dos factores fundamentales: el primero es la época electoral. ¿Este proyecto evidencia que a los congresistas les cuesta votar proyectos que les acarreen un costo político en esta coyuntura?

Sí, claro. Hay que ser muy conscientes. Es más: en mi comisión hubo representantes que presentaron ponencia negativa en diciembre, creyendo que iban a atraer esa votación de los médicos, de las enfermeras, de los estudiantes de medicina, y muchos de quienes presentaron ponencia negativa no fueron reelegidos. A veces uno como congresista comete esos errores, cree que esas agremiaciones, por algo que uno haga a su favor, se van a venir a apoyarlo. Mucha gente tomó posición sobre el proyecto en diciembre para ver si obtenía algún beneficio en votos.

Lo otro es la multiplicidad de actores. ¿Cómo ha influido? Puede ser beneficioso para el debate, pero no para la agilidad del trámite. ¿Cómo manejan la disyuntiva?

Lo que pasa es que se escucha a todos. Es muy difícil que todo lo que esos actores piensan quede plasmado en un proyecto de ley, pero por lo general se tiende a escuchar y tratar de sacar lo mejor. En este proyecto de ley lo que se busca es calidad y oportunidad para el usuario, que es lo que reclama la gente.

¿Cómo es una sesión de la Comisión Séptima en la que se trata este proyecto? ¿Entra gente de afuera, intentan presionarlos a ustedes, o es un ámbito más cerrado?

Las comisiones siempre son abiertas. Ahí tienen sus barras. A veces presentan solicitudes para que los dejen escuchar en el transcurso de la sesión de la comisión; la comisión toma la decisión de si se declara en sesión informal para escuchar a estas personas. Obviamente ellos llevan proposiciones y conseguirán congresistas que se las avalen para que sean sometidas a consideración. Lo mismo en las plenarias.

Ha habido muchas proposiciones de enmienda a lo largo del trámite. ¿Es esa también una causa para que el trámite haya sido accidentado?

Pienso que sí. De todas maneras, las presiones están: de los hospitales, de las clínicas privadas, de las mismas EPS, de los médicos, de las sociedades científicas, de las facultades de medicina. O sea, hay muchas presiones y estamos en una época preelectoral en la que nadie quiere asumir ese riesgo. No se sabe si es positivo o negativo. La reforma cayó en el peor momento de esta legislatura, que es la época preelectoral. Por eso es que ha estado así, porque cada cual la mira dependiendo de su conveniencia.

La Unidad Nacional ha sido funcional a los intereses del Gobierno. Sin embargo, ¿en este proyecto se puede decir que los partidos que la conforman han ejercido un poder de veto real sobre el Ejecutivo?

Sí. De por sí nosotros siempre hemos sido muy críticos con los proyectos que el Gobierno pasa. No quiere decir que el Gobierno nos pasa un proyecto y no podamos hacerle modificaciones ni presentar proposiciones. Por lo general un proyecto sufre muchas transformaciones porque tiene cuatro debates: dos en Cámara y dos en Senado. Eso también genera un poquito de demora en los trámites. Entonces son proyectos que se analizan con mucho más detenimiento, con mucho más cuidado, con mucha más lupa, para no afectar a ningún colombiano en su mayoría.

¿Pero en este caso puede hablarse de un distanciamiento de la Unidad Nacional con respecto al Ejecutivo?

Para nada.

¿Por qué todos los integrantes de la comisión fueron designados como ponentes? ¿Es común?

Sí. Eso por lo general se usa. La Ley 5 de 1992, que es la que rige al Congreso, habla de que debe ser un ponente por partido. Entonces todos empiezan con las presiones: yo quiero ser ponente, yo quiero ser ponente, entonces, para evitarse problemas, se nombran a todos ponentes, pero se nombran unos coordinadores ponentes, que son los que dirigen el tema, y son tres: Rafael Romero, Didier Burgos, Armando Zabaraín.

¿De qué dependerá que el proyecto finalmente sea agendado?

Del Gobierno, de qué tanta agilidad le quiera poner. Nosotros ya rendimos una ponencia. Está en disposición del Gobierno si la quiere radicar. Como es un proyecto de iniciativa del Gobierno, es el que toma esas decisiones. El hecho es que esa ley tiene que salir antes del 20 de junio, cuando termina la legislatura, o se hunde por trámite.

¿Qué cree que pasará?

Por la coyuntura electoral es muy difícil. Desde el 15 de junio, cuando pase la segunda vuelta, quedaría prácticamente una semana para tramitar el proyecto, y no alcanza. Se sacaría de la comisión, pero tendría también que sacarse de plenaria (de la Cámara), y por tiempo no sería.

¿Qué es más factible: que se archive por vencimiento de términos o que se agende y lo archiven?

Pienso que por vencimiento. Pero da lo mismo. Igual, ese proyecto se puede volver a radicar el 20 de julio (cuando comienza a sesionar el nuevo Congreso), entonces no pasaría ningún problema frente a eso. Lo más lógico y conveniente, que fue lo que le dijimos al Gobierno, era que lo retirara o lo dejara hundir, y se radicara con el nuevo Congreso y el nuevo Gobierno, porque ha tenido muchos inconvenientes, presiones de un lado y del otro.

O sea, en teoría sería más factible que se apruebe con un nuevo Gobierno…

Creo que sí porque ya el tiempo no da.

¿Pero cree que con Óscar Iván Zuluaga la reforma mantendría la esencia que tiene ahora?

No, porque ellos fueron los autores de la Ley 100, con la que crearon las EPS, el sistema actual. Álvaro Uribe fue el defensor de ese sistema de salud. Él continuará con el sistema tal y como está. Le hará algunas modificaciones, pero continuará lo mismo.

Es decir, la esencia de la reforma depende de la continuidad del actual Gobierno…

Exacto. Si realmente se quiere un cambio en el sistema de salud, estaría en manos de Juan Manuel Santos. Óscar Iván Zuluaga manifestó que no, que lo dejaría tal como está, pero que le haría algunas modificaciones. Lo que se ha venido haciendo: pañitos de agua tibia.

¿Cuál es su posición frente al proyecto?

Me parece que el sistema de salud en Colombia debe cambiar. La Ley 100 ya colapsó después de 20 años. Este proyecto tiene algo muy bueno. Lo primero es Salud Mía, como único fondo, recaudador, afiliador y pagador del país; por primera vez sabremos cuántos somos los afiliados, ya sea del régimen contributivo o del subsidiado. Sabremos cuánta plata se destina a la salud porque hoy la plata de la salud la manejan las EPS, el Fosyga, el Presupuesto Nacional. O sea, no se sabe. Se especula que son 30 billones de pesos, otros dicen que 35, otros, que 40. En realidad no sabemos con cuánta plata cuenta el Estado para esos 43 millones de afiliados. También se sabrá en qué nos estamos gastando la plata de la salud. Al estar concentrado en un único fondo, en una única entidad, los colombianos tendremos mayor tranquilidad, mayor seguridad.

Es un cambio trascendental que será muy positivo porque se les quita el manejo de los recursos a las EPS porque para nadie es un secreto toda la feria que han hecho con todas esas platas de la salud y nadie les dice nada y no les pasa absolutamente nada. Si llega Óscar Iván, quién sabe si esto le guste; si al senador Uribe, que va para la Comisión Séptima de Senado, deje o no tramitarlo de esa forma cuando él fue el creador de la Ley 100 con sus EPS. Es algo complicado, la reforma hay que hacerla, el sistema ya colapsó, y los colombianos somos los que estamos pagando la mala calidad del servicio de salud.

En los medios circuló recientemente la información de que en una nueva ponencia, que aún no se ha radicado, se estipula que a las EPS que pertenecen a Cajas de Compensación Familiar las pretenden capitalizar con recursos que les llegan a estas por concepto de parafiscales. Esto ha sido catalogado como un mico. ¿Cómo surge un mico si las discusiones son públicas?

Pues las cajas de compensación comienzan a buscar congresistas amigos, hacen la proposición, habrá quién se las presente y la someta a consideración y a veces, como están en el auge del debate y de la vaina, lo leen tan rápido que la gente no se da cuenta de lo aprobado. Se aprueba así, por encima, y después es cuando empiezan: ¡mire, salió tal mico!